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Entrevista
a Carlos David Ortigosa
Miguel Navarro.
Los inicios
Yo comienzo en 1939 en la Facultad de Derecho como locutor de Radio
Universidad, donde al mismo tiempo me hago actor junto con Tomás
Perrín, y en 1940 me contrata la XEW. Entonces trabajo como
actor principalmente más que locutor, haciendo una radionovela
que fue muy famosa, Aves Sin Nido. Después, ese
mismo año, me voy a un despacho de mi cuñado donde
trabajo como abogado y como actor en XEW. Al mismo tiempo, un buen
amigo mío, Cordelio Benítez, me hace redactor del
periódico de deportes. Al morir Sergio Guardameta me hicieron
jefe de la sección de deportes y mis amigos me decían
‘¡si el mejor cronista deportivo de todo México
es Ortigosa!’ y otros decían ‘si ni siquiera
sabe de deportes, ¡¿cómo va a ser el mejor?!’
En 1944 llega Ilushia, presidente de MGM para América Latina,
y contrata a Luis de Llano Palmer, gran amigo y un señor
talentosísimo. En un auditorio de Gran Advertasing nos van
llamando a los actores y para cada uno ya iban pensando un papel,
y así fue a selección de actores. Entre ellos estaban:
Guillermo “el Chato” , Portillo Acosta, quien fue al
primero que contrataron, Blanca Estela Pavón, Edmundo García,
Miguel Ángel Ferriz, Matilde Palou, Salvador Carrasco, Ciro
Calderón, Blanca Estrada, la cubanita Estrellita Díaz
entre otros... Casi todos ellos han muerto ya... Ninguno de nosotros
había hecho doblaje, casi todos venían de radio y
de cine, pero ahí aprendimos, en Nueva York. Firmamos un
contrato por tres años, pero los que mejores contratos fueron
para Portillo, Manolo Fábregas y para mí. Hicimos
muchas películas de Gregory Peck junto con Ferrusquilla.
La primera película doblada que se estrena en México
fue Luz Que Agoniza con un éxito fabuloso. Pero
la industria del cine mexicano, era tan gentil, que abren los ojos,
y piensan que iba a ser una competencia brutal, pues en aquella
época el cine mexicano estaba en su apogeo por la guerra,
casi no había películas americanas, había películas
argentinas y mexicanas compitiendo con las pocas americanas, y con
esto de que al público le dan una película como Luz
Que Agoniza o cualquier otra película de las que doblamos
en español y con grandes escenarios, la gente pensaba: “las
porquerías del cine mexicano ¿para qué las
voy a ver?!”. Entonces los productores se meten con el gobierno
ganando tiempo y prohíben la exhibición de películas
dobladas en largo metraje en salas de exhibición, pero para
esto pasan 4 años. Entonces don Emilio Azcárraga creyó
que con sus influencias en México iba a conseguir la autorización
de que se exhibieran en salas cinematográficas. Me llamó,
que estaba en Chicago, por cierto, y me contrata para seguir el
doblaje en México. Se construyeron las salas de doblaje,
que son ahora salas de exhibición, trajo a un director francésy
juntos comenzamos el doblaje de las películas de largo metraje.
A fines del 48 ó 49 me quedé en la calle. ‘¡Se
acabó el doblaje!’, me dijeron. Entonces todavía
no había series de Televisión. Pero conocí
al que era gerente de Churubusco, Richard Thompkins. y me hizo abogado
de los estudios Churubusco. Lo único que tenía que
hacer era traducir contratos pues hablaba bien el inglés,
y le cobraba a los productores. Eso me salvó, me daba 500
pesos a la semana, que eran muy buenos para vivir en México,
pero ninguno de los productores pagaba. Había aprendido algo
de cine y me pagaban dándome papelitos en las películas,
por eso trabajé en treinta y tantas películas. Aprendí
también a hacer los avances, yo los hacía todos. Me
metía con el editor, buscaba escenas, editábamos la
narración, les llamaban trailers, de eso me mantuve.
Trabajando con Edmundo Santos
Edmundo Santos había hecho algo para Disney, lo hacía
hecho en California, y cuando llega aquí en 1950 me habla
a mí, me dice: ‘vamos a asociarnos’, y formamos
una sociedad muy buena, grabamos mucho en Churubusco. La primera
fue La Cenicienta.
Hicimos un concurso para buscar a La Cenicienta, y ahí descubrimos
a Evangelina Elizondo. Más tarde hicimos Peter Pan, Alicia
en el País de las maravillas y La Dama y el Vagabundo. También
hicimos documentales. Hubo uno que tuvo mucho éxito, "Desierto
Viviente".
De esa época recuerdo una anécdota muy graciosa.
Mi hijo Arturo tenía 3 años, estábamos haciendo
Peter Pan, y Miguel, hermano de Wendy, en la pantalla tenía
3 años también. Lo traje al estudio, lo cargaba yo,
hablaba muy chistoso y tenía que decir: “¡mira
una luciérnaga!”. Lo veía en una pantalla, pero
no sabía ni qué, y yo le decía “cuando
te toque en el hombro, dices: ¡mira Wendy una luciérnaga!”,
cuando le tocaba, decía “¡mira Wendy una luciérgana!”
“¡corte, corte!, no mijo: ¡Wendy una lu-ciér-na-ga!,
repite...” y lo decía bien. Hacíamos otra toma
y lo decía: “¡mira Wendy una luciérgana!”,
y así se quedó... Si tú ves la película
queda muy espontáneo.
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Escucha al hijo de Carlos D. Ortigosa en "Peter Pan" |
Los años posteriores
En 1957 Tony Carvajal me presenta con Robert W. Lerner, que era
hermano del autor de My Fair Lady, y fue la primera obra musical
que pusimos. Con él formé Cinematográfica
Interamericana, S.A. (CIMSA), separándome entonces de
Edmundo Santos.
Recuerdo que otro viejo amigo mío, Daniel Bravo, gerente
de Tolteca, acababa de quedar huérfano y le dí
un papelito en los doblajes. Había una película en
la que tenía que decir “no pero le ponemos un parche”
era un escenita, le hice igual que con mi hijo, cuando le tocara
el hombro tenía que decirlo, y decía “no, pero
le ponemos un parssssssssh...”, le recalcaba: ¡parche,
parche!, y nunca le salió, así se quedó.
Mi mejor amigo siempre fue Víctor Alcocer. Cuando vino a
México Kójak dijo “si yo tuviera en inglés
la voz que tiene este hombre en español haría un mejor
trabajo” “I would be a better actor”.
Otra anécdota que recuerdo es que Yolanda Mérida,
que era genio máximo en el doblaje, actriz incomparable,
doblaba a Carol Burnett, y Carol la invitó a California.
La hizo a aparecer en su Show, la presentaban como “Mexican
Carol Brunette, Miss Yolanda Mérida”. Otro genio que
conocí fue “la Chilindrina“, Maria Antonieta
de las Nieves. Trabajó conmigo desde los 7 años. Era
tan hábil que había una serie que se llamaba Mis
Adorables Sobrinos y eran dos niños, ¡pues ella
hacía los dos papeles con una habilidad!. Había muy
buenos actores, Rosario Muñoz Ledo, “Chato” Portilla,
hay cosas dignas de contarse como el narrador de Los Intocables
es el gran novelista Álvaro Mutis. Era mi gran amigo
aunque no lo he visto en 20 años. De él tengo otra
anécdota: en 1963 García Márquez acaba de escribir
Cien Años de Soledad y vino a México. Cuando
doblaba Los Intocables, Álvaro Mutis lo llevaba al estudio
a que viera el doblaje, pero García Márquez se dormía
y se ponía a roncar. Mi secretaria, Sarita, lo regañó
y lo sacó del estudio diciéndole “será
usted muy García Márquez, ¡pero aquí
no se ronca!” ja, ja, ja...
Ahí estuvimos hasta el 69, año en que le compramos
a Ken Smith un edificio que había comenzado y no podía
terminar en la calle América. Hicimos un estudio para orquesta
en el sótano como para 52 profesores, y teníamos 5
salas de doblaje, oficinas, restaurante, todo y competimos en buena
ley con Candianni. Y luego así duré hasta 1981. También
produje teatro, lo último que hice fue con la Banquells porque
murió mi socio de cáncer, lo quise mucho, fueron 25
años de sociedad. Él se encargaba del teatro y yo
del doblaje. Candianni me dijo que Emilio Azcárraga quería
comprar y le vendí, tenía yo sesenta y tantos años.
Ahora lo que hago de vez en cuando es patrocinar algún espectáculo,
tengo 87 años, y ya ves cuál fue la historia, cómo
traje el doblaje a México.
Miguel Navarro.
24 de octubre de 2003, México D.F. |
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