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Un
hombre con fe en su destino:
NARCISO BUSQUETS
"México
Cinelandia", nº 187, 31-7-1961.
Aportación de José Luís Ortiz.
escribe:
DORA MAGDA
O
hay que esperar bondad, ni gratitud del cine,
que es un devorador implacable de seres humanos,
así se trate de sus propios hijos. Porque
Narciso Busquets -cuyo padre Joaquín Busquets
perdió la vista en su lucha por alcanzar
gloria y fortuna en el Séptimo Arte-, puede
ser considerado hijo legítimo del cine:
en los estudios fílmicos transcurrió
su niñez y vió llegar la adolescencia.

Sin pesimismo y sin amarguras, Narciso Busquets
confiesa su pasión por su oficio de actor
y tiene una fe ciega en que cumplirá un
día su destino...
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Después,
el cine-monstruo le cerró las puertas de
su reino dorado y lo arrojó al montón
de los olvidados. El nombre de Narciso Busquets,
actor por vocación y por herencia, niño
prodigio de su época, mimado y admirado,
ni siquiera figura en las pseudoenciclopedias
cinematográficas. ¿Quién
de los que le mimaron, admiraron y aclamaron lo
recuerda?
De esto hace ya once años. Y no por ello
Narciso Busquets ha perdido la fe o se ha llenado
de amargura. En estos once años, su labor
no le ha significado crédito ante el público
ni ante los productores, porque se ha reducido
a prestar su voz y su temperamento a Emilio Fernández,
a Toshiro Mifune, a Jean Servais y a infinidad
de actores más en las series extranjeras
para la TV. En el mejor de los casos, la televisión
es el espectáculo que le ha dado oportunidad
de mostrar que es un actor de recios perfiles,
con gran dominio de su oficio y un formidable
temperamento.
Pero el cine no ha tomado esto en cuenta y Narciso
Busquets está dedicado a su trabajo de
director en el Departamento de Doblaje del Servicio
Internacional de Sonidos. Que es donde lo encontramos.
Como si quisiera convencerse
a sí mismo, atribuye su falta de oportunidades
en el cine a que no tiene tiempo para visitar
a los productores y recordarles que existe.
-El trabajo me esclaviza
--comenta-. Si no los veo, es imposible que los
productores me recuerden.
Sin embargo, para los productores
de TV no ha existido este escollo. |

Muy pocos recuerdan ya al niño
prodigio que fue Narciso Busquets en "Historia
de un Gran Amor", "El Intruso",
y muchas otras películas, hasta sumar 57,
que hizo entre los siete y los catorce años.
Así era el extraordinario actor infantil.
La labor que ahora
realiza es difícil y complicada, porque
en la dirección de los doblajes debe cuidarse
que el matiz de la voz corresponda a las situaciones
y no suene a falso. Para el actor, representa
un enorme esfuerzo, porque carece de situación,
y de actuación física,
para enfatizar la palabra con un movimiento o
un gesto. Está limitado a su voz. |
Narciso
Busquets tiene un vasto conocimiento y una
inapreciable experiencia en la técnica
del doblaje. Su voz, de ricos matices, ha
sido la de Emilio Fernandez en el Coronel
Z de "La Cucaracha", la de Toshiro
Mifune y Jean Servais. |
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| -Este año
-reanuda la conversación Busquets-,
parecía decisivo para mi reintegración
al cine. Estaba decidido a dedicarle más
tiempo, aún con sacrificio económico.
Pero las circunstancias en que se encuentra
la industria me han sido adversas y tengo
que seguir refugiado en el doblaje.
De niño, ocupó un lugar privilegiado.
Si anhela volver, no es por la vanidad de
verse nuevamente en la pantalla, sino para
tratar de si-tuarse como actor maduro.
Si creyera que podría ser "un
niño prodigio fracasado", preferiría
seguir animando con la voz personajes que
él no creó físicamente,
como el Coronel Zeta de "La Cucaracha",
como los que interpretaron Toshiro Mifune
en "Animas Trujano" y Jean Servais
en "Los Ambiciosos".
-¿Cuántas películas
filmó de niño?
-Entre los 7 y los 14 años hice
57. Después fui a una gira con Pepe
Cibrián que duró 4 años.
A los 21, tomé parte en "Comisario
en Turno", y más tarde en "Lluvia
Roja". Salvo una intervención
especial en "La Sombra del Caudillo",
desde 1951, no piso un foro cinematográfico. |
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Así es ahora Narciso
Busquets: hombre vigoroso, rostro de lineas firmes
y actor cuyas grandes aptitudes han quedado demostradas
en la televisión, porque el cine, donde
transcurrió su niñez y sufrió
el gran drama de su vida, lo tiene en olvido. |
-Soy
un apasionado de mi oficio: lo llevo en la sangre.
No le ocultaré que me duele no poder ejercerlo
en el cine. Se me fue la adolescencia y con ella,
el tiempo. Sin embargo, no puedo dejar de seguir
acariciando un sueño que acaso jamás
podré hacer realidad. Sigo confiado en
que me llegará la oportunidad de volver
a actuar y sólo deseo que me toque interpretar
un personaje fuerte, de perfiles humanos, porque
para encarnarlo pondré toda la exaltación
contenida en diez años de espera.
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-Productores y directores conocen mi pasión
por la actuación. Un día me
llamarán y entonces podré
demostrarme a mí mismo si, como creo,
tengo aptitudes para ocupar un sitio, aunque
sea modesto, entre las figuras cinematográficas.
No soy un amargado, ni pretendo quejarme
de mi mala suerte.
-Todo tiene recompensa en la vida. La mía,
en lo privado, es feliz. Tengo un hogar,
una esposa que ha significado mucho en mi
asentamiento como hombre y como actor, y
dos hijos que son nuestro orgullo. Sólo
que siento que mi sangre y mis sentidos
gritan que mi misión como actor no
está cumplida.
Aunque al principio de nuestra conversación
se mostró sereno, no pudo Narciso
Busquets, finalmente, evitar que la emoción
le apareciera en el rostro e hiciera trémula
su voz.
Veíamos en él, que podría
ufanarse del dominio de la moderna técnica
del doblaje, a un artista que siente su
pasión encadenada.
Narciso Busquets no es un adonis. No pretendemos
que vaya a encontrarse en él al galán
guapo que hace suspirar a las chicas soñadoras.
Narciso Busquets es mucho más que
eso: es un gran actor, de extraordinarias
aptitudes, con quien el cine está
en deuda. |
Desde su escritorio, Narciso
Busquets, un actor cuya recia personalidad
no aprovecha el cine, dirige el doblaje
de una película para la TV.
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"México
Cinelandia", nº 187, 31-7-1961. |
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