Carlos David Ortigosa

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Carlos David Ortigosa (QEPD) formó parte de los inicios del doblaje de voz en México, perteneciente al primer grupo de actores que viajó a Nueva York contratado por la Metro Goldwyn Mayer en 1944.

En 1950 se asoció con Edmundo Santos, que había sido nombrado representante de Walt Disney en México y tenía la exclusividad para doblar sus películas. Con él trabajó como co-director en las películas La Cenicienta (1950), Alicia en el país de las maravillas (1951), Peter Pan (1953) y La Dama y el Vagabundo (1955), además de como actor de doblaje (Narrador de Peter Pan y Jaimito de La Dama y el Vagabundo)

En el año 2003, con 87 años, nos concedió la siguiente entrevista.
 

Los inicios

– Yo comienzo en 1939 en la Facultad de Derecho como locutor de Radio Universidad, donde al mismo tiempo me hago actor junto con Tomás Perrín, y en 1940 me contrata la XEW. Entonces trabajo como actor principalmente más que locutor, haciendo una radionovela que fue muy famosa, Aves Sin Nido. Después, ese mismo año, me voy a un despacho de mi cuñado donde trabajo como abogado y como actor en XEW. Al mismo tiempo, un buen amigo mío, Cordelio Benítez, me hace redactor del periódico de deportes. Al morir Sergio Guardameta me hicieron jefe de la sección de deportes y mis amigos me decían “¡si el mejor cronista deportivo de todo México es Ortigosa!” y otros decían “si ni siquiera sabe de deportes, ¡¿cómo va a ser el mejor?!”

En 1944 llega Ilushia, presidente de MGM para América Latina, y contrata a Luis de Llano Palmer, gran amigo y un señor talentosísimo. En un auditorio de Gran Advertasing nos van llamando a los actores y para cada uno ya iban pensando un papel, y así fue a selección de actores. Entre ellos estaban: Guillermo “el Chato”, Portillo Acosta, quien fue al primero que contrataron, Blanca Estela Pavón, Edmundo García, Miguel Ángel Ferriz, Matilde Palou, Salvador Carrasco, Ciro Calderón, Blanca Estrada, la cubanita Estrellita Díaz entre otros… Casi todos ellos han muerto ya… Ninguno de nosotros había hecho doblaje, casi todos venían de radio y de cine, pero ahí aprendimos, en Nueva York. Firmamos un contrato por tres años, pero los que mejores contratos fueron para Portillo, Manolo Fábregas y para mí. Hicimos muchas películas de Gregory Peck junto con Ferrusquilla.

La primera película doblada que se estrena en México fue Luz Que Agoniza con un éxito fabuloso. Pero la industria del cine mexicano, era tan gentil, que abren los ojos, y piensan que iba a ser una competencia brutal, pues en aquella época el cine mexicano estaba en su apogeo por la guerra, casi no había películas americanas, había películas argentinas y mexicanas compitiendo con las pocas americanas, y con esto de que al público le dan una película como Luz Que Agoniza o cualquier otra película de las que doblamos en español y con grandes escenarios, la gente pensaba: “las porquerías del cine mexicano ¿para qué las voy a ver?!”. Entonces los productores se meten con el gobierno ganando tiempo y prohíben la exhibición de películas dobladas en largo metraje en salas de exhibición, pero para esto pasan 4 años. Entonces don Emilio Azcárraga creyó que con sus influencias en México iba a conseguir la autorización de que se exhibieran en salas cinematográficas. Me llamó, que estaba en Chicago, por cierto, y me contrata para seguir el doblaje en México. Se construyeron las salas de doblaje, que son ahora salas de exhibición, trajo a un director francésy juntos comenzamos el doblaje de las películas de largo metraje.

A fines del 48 ó 49 me quedé en la calle. “¡Se acabó el doblaje!”, me dijeron. Entonces todavía no había series de Televisión. Pero conocí al que era gerente de Churubusco, Richard Thompkins. y me hizo abogado de los estudios Churubusco. Lo único que tenía que hacer era traducir contratos pues hablaba bien el inglés, y le cobraba a los productores. Eso me salvó, me daba 500 pesos a la semana, que eran muy buenos para vivir en México, pero ninguno de los productores pagaba. Había aprendido algo de cine y me pagaban dándome papelitos en las películas, por eso trabajé en treinta y tantas películas. Aprendí también a hacer los avances, yo los hacía todos. Me metía con el editor, buscaba escenas, editábamos la narración, les llamaban trailers, de eso me mantuve.

Trabajando con Edmundo Santos

Edmundo Santos había hecho algo para Disney, lo había hecho en California, y cuando llega aquí en 1950 me habla a mí, me dice: “vamos a asociarnos”, y formamos una sociedad muy buena, grabamos mucho en Churubusco. La primera fue La Cenicienta.

Hicimos un concurso para buscar a La Cenicienta, y ahí descubrimos a Evangelina Elizondo. Más tarde hicimos Alicia en el País de las maravillas, Peter Pan y La Dama y el Vagabundo. También hicimos documentales. Hubo uno que tuvo mucho éxito, “Desierto Viviente”.

De esa época recuerdo una anécdota muy graciosa. Mi hijo Arturo tenía 3 años, estábamos haciendo Peter Pan, y Miguel, hermano de Wendy, en la pantalla tenía 3 años también. Lo traje al estudio, lo cargaba yo, hablaba muy chistoso y tenía que decir: “¡mira una luciérnaga!”. Lo veía en una pantalla, pero no sabía ni qué, y yo le decía “cuando te toque en el hombro, dices: ¡mira Wendy una luciérnaga!”, cuando le tocaba, decía “¡mira Wendy una luciérgana!” “¡corte, corte!, no mijo: ¡Wendy una lu-ciér-na-ga!, repite…” y lo decía bien. Hacíamos otra toma y lo decía: “¡mira Wendy una luciérgana!”, y así se quedó… Si tú ves la película queda muy espontáneo.

Escucha al hijo de Carlos D. Ortigosa en “Peter Pan”

Los años posteriores

– En 1957 Tony Carvajal me presenta con Robert W. Lerner, que era hermano del autor de My Fair Lady, y fue la primera obra musical que pusimos. Con él formé Cinematográfica Interamericana, S.A. (CIMSA), separándome entonces de Edmundo Santos.

Recuerdo que otro viejo amigo mío, Daniel Bravo, gerente de Tolteca, acababa de quedar huérfano y le dí un papelito en los doblajes. Había una película en la que tenía que decir “no pero le ponemos un parche” era un escenita, le hice igual que con mi hijo, cuando le tocara el hombro tenía que decirlo, y decía “no, pero le ponemos un parssssssssh…”, le recalcaba: ¡parche, parche!, y nunca le salió, así se quedó.

ortigosa1Mi mejor amigo siempre fue Víctor Alcocer. Cuando vino a México Kójak dijo “si yo tuviera en inglés la voz que tiene este hombre en español haría un mejor trabajo” “I would be a better actor”.

Otra anécdota que recuerdo es que Yolanda Mérida, que era genio máximo en el doblaje, actriz incomparable, doblaba a Carol Burnett, y Carol la invitó a California. La hizo a aparecer en su Show, la presentaban como “Mexican Carol Brunette, Miss Yolanda Mérida”. Otro genio que conocí fue “la Chilindrina”, Maria Antonieta de las Nieves. Trabajó conmigo desde los 7 años. Era tan hábil que había una serie que se llamaba Mis Adorables Sobrinos y eran dos niños, ¡pues ella hacía los dos papeles con una habilidad!. Había muy buenos actores, Rosario Muñoz Ledo, “Chato” Portilla, hay cosas dignas de contarse como el narrador de Los Intocables es el gran novelista Álvaro Mutis. Era mi gran amigo aunque no lo he visto en 20 años. De él tengo otra anécdota: en 1963 García Márquez acaba de escribir Cien Años de Soledad y vino a México. Cuando doblaba Los Intocables, Álvaro Mutis lo llevaba al estudio a que viera el doblaje, pero García Márquez se dormía y se ponía a roncar. Mi secretaria, Sarita, lo regañó y lo sacó del estudio diciéndole “será usted muy García Márquez, ¡pero aquí no se ronca!” ja, ja, ja…

Ahí estuvimos hasta el 69, año en que le compramos a Ken Smith un edificio que había comenzado y no podía terminar en la calle América. Hicimos un estudio para orquesta en el sótano como para 52 profesores, y teníamos 5 salas de doblaje, oficinas, restaurante, todo y competimos en buena ley con Candianni. Y luego así duré hasta 1981. También produje teatro, lo último que hice fue con la Banquells porque murió mi socio de cáncer, lo quise mucho, fueron 25 años de sociedad. Él se encargaba del teatro y yo del doblaje. Candianni me dijo que Emilio Azcárraga quería comprar y le vendí, tenía yo sesenta y tantos años.

Ahora lo que hago de vez en cuando es patrocinar algún espectáculo, tengo 87 años, y ya ves cuál fue la historia, cómo traje el doblaje a México.

Esta entrada fue publicada en Entrevistas el por Miguel Navarro.